LA VOCACIÓN Y EL FIN DEL MUNDO

Hace poco pude leer una frase que decía:

“No se puede pedir que se preocupen por el fin del mundo a los -demasiados- a los que les preocupa el finde mes.”

Cuanta razón por un lado, pero a la vez… me hace ruido.

El mundo funciona mal. Mucha gente lo pasa mal. Qué mal distribuidos están los recursos. Cuánta pobreza material que lleva a muchas personas a la pobreza espiritual, que es la verdadera pobreza.

Y a la vez… cuántas personas con riqueza material con pobreza espiritual y… cuantas personas con pobreza material con riqueza espiritual.

Lo material tan solo es un medio. Pero un medio muy importante.

Cada ser humano debería tener ese mínimo, que le permita desarrollarse como persona, tener bienestar. Eso es obvio.

Y cada ser humano que vive en abundancia debería tener esa cordura, de no dejarse conquistar por el falso brillo de alhajas vacías.

Vivimos en un mundo donde la gente no cubre sus necesidades mínimas.

A la par que vivimos en un mundo con dragones dormidos en sus tesoros.

Muchos están dormidos, por razones diferentes. Unos desde el suelo, otros desde la altura.

¿Quién se preocupa por el fin del mundo entonces?

¿Quién puede permitirse dejar de pensar continuamente en su ombligo para pensar en la civilización, en seguir construyendo y embelleciendo la sociedad que hemos heredado?

Pocos son los afortunados.

En primer lugar, por la complejidad que requiere la tarea, para el que se la toma en serio.

¿Cómo comprender el mundo si estamos obligados a comprender los entresijos del sistema financiero, para entender cómo se ejerce el poder?

¿Cómo comprender el mundo si a la gobernanza local, regional y nacional tenemos que sumarle todas las instituciones supranacionales y lobbies que hoy en día nos gobiernan?

¿Cómo comprender el mundo si nos bombardean todos los días con ruidos superficiales que tratan de determinar subliminalmente nuestra conducta para que compremos lo que sus emisores quieren?

¿Como comprender un mundo tan complejo si no tenemos tiempo de comprendernos a nosotros mismos?

Está jodida la cosa. Mucho tiempo requiere la comprensión. Tiempo que no somos capaces de tener.

Entre las horas que metemos para ingresar dinero -que nos requieren grandes esfuerzos de pensamiento para propósitos en muchos casos poco útiles- y las horas que metemos en Netflix -la nueva “caja tonta”- para entretenernos, y conseguir “desconectar”, para que podamos rendir al día siguiente… se nos va la vida sin comprender ni comprendernos.

Definitivamente está jodida la cosa.

El problema es… que sumergidos en esta vorágine de desconexión… nos estamos cargando el planeta.

Y la frase del inicio dice que los que no lleguen a fin de mes no les podemos pedir que se preocupen por ello.

¿Y entonces quién se preocupa, los dragones dormidos en su tesoro?

No me fiaría yo de ello.

Está jodida la cosa. Lo ideal sería que los que no llegamos a fin de mes, pudiéramos dedicarnos solo a conseguirlo, pero lamentablemente… estamos jodidos.

Parece que o nos preocupamos por más cosas o nos vamos al carajo.

Hay casos extremos a los que realmente no se les puede pedir nada. Suficiente desgracia tienen.

Pero eso de llegar a fin de mes sin preocupaciones cada vez se va a volver más una ilusión óptica.

Así que todos lo que no vivimos en un caso tan extremo, debemos de hacer algo.

Existe un deber moral de preocuparse por el fin del mundo del que no deberíamos eximir a la gente tan a la ligera.

Como eximamos a todos los que se preocupan de llegar a fin de mes de la ética, del deber de educar su conducta, nos vamos al carajo.

Hay mucha gente con poco dinero con un compromiso, una militancia y una comprensión muy superiores a gente que vive tranquila en su cuna de confort.

De ahí se deduce que lo material, siendo una variable importantísima, no es la determinante.

Deberíamos todos de aprender de ellos. En este mundo faltan referentes, así que usemos a los que tenemos.

Aprendemos mucho por inspiración, viendo en carne viva ejemplos de vida.

¿Cuánto tiempo dedicamos a buscar personas inspiradoras? ¿A conocer otras formas de vida?

A veces viven en nuestra misma calle y no nos hemos dado cuenta, porque vivimos con gafas de corcho y tapones en las orejas, ensimismados en entretenimientos banales y practicado el deporte nacional: Quejarnos.

Existe la necesidad de conquistar nuestra forma de vida, nuestro día a día. Para que tengamos tiempo para comprendernos y comprender este mundo.

Para ello no hay otra manera que conocer otras formas de vida inspiradoras y especular con la nuestra.

Existe un binomio entre libertad y limitación, al que todo ser humano debe hacer frente.

Por un lado, somos libres, podemos elegir qué hacer dentro de nuestra circunstancia.

Por otro lado, estamos limitados. Cuando imaginamos lo que queremos ser surgen siempre obstáculos. Quizás yo no pueda ganar el campeonato mundial de natación si no tengo brazos.

Pero en nuestro inconsciente, se proyecta una línea, entre nuestra libertad y nuestras limitaciones.

Es una línea que, partiendo desde nuestras características personales y viendo nuestras limitaciones, expresa dónde podemos tener nuestro lugar en el mundo. Eso que podemos hacer para contribuir a mejorar la civilización, la sociedad en la que vivimos, aprovechando al máximo nuestras características. Con nuestras virtudes y defectos.

Esa línea se llama vocación.

La vocación es individual e intransferible.

Está en nuestro inconsciente y debemos buscarla. ¿Cómo? Dedicando tiempo a comprender el mundo y cómo nosotros estamos insertos en él. De esa forma la vamos haciendo consciente, vamos entendiendo lo que sentimos.

Es un ejercicio continuo, porque la línea de la vocación se mueve constantemente.

No estamos separados del mundo. Vivimos interrelacionándonos con él constantemente, habiéndo partes de nuestro ser que tienen incluso un carácter en cierto modo atmosférico.

Como dice Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia…”

Está frase se la sabe casi todo el mundo, pero no termina ahí y a la gente se le suele olvidar el final, que es muy importante. La frase completa dice:

“Yo soy yo y mi circunstancia… y si no la salvo a ella, no me salvo yo”

Volviendo al tema. Estamos jodidos, está difícil llegar a fin de mes… pero no podemos quedarnos de brazos cruzados.

¿Por qué no empezamos consiguiendo algo de tiempo para dedicarnos a nosotros mismos, a ir descubriendo nuestra vocación, a conocer referentes, a experimentar cómo queremos vivir?

Cada minuto es el verdadero oro.

Compartimos una canción de Macaco, Drexler y Serrat, para que vista la reflexión.

¡Tu turno!  

¿Qué reflexiones te surgen al leer estas líneas?

SI quieres compartirlas con nosotros, te esperamos en los comentarios.

2 comentarios en “LA VOCACIÓN Y EL FIN DEL MUNDO”

  1. Gracias por hacernos reflexionar tanto con cada publicación. La verdad que es un tema que muchas veces olvidamos, parece que somos independientes al mundo, y realmente es lo que nos permite vivir. Es la problemática de que ocupen el centro del vivir otras cuestiones, cuando realmente lo más importante es la VIDA.

    El post me ha evocado a una cita de Galeano: muchas gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, pueden cambiar el mundo. Como decís en el post, cada uno con sus limitaciones, pero nunca olvidando que somos parte de un todo que debemos conversar. De hecho considero que la vocación va por ahí, dentro de nuestras limitaciones y circunstancias buscar de que forma podemos contribuir para mejorar y preservar el mundo. El punto de vista lo pones tú.

    También me ha hecho recordar algo que decía un amigo perteneciente a una comunidad indígena de San Luis (Argentina): si tú haces daño a un hermano mío, también me estas haciendo daño a mi, incluso a ti mismo…nada de lo que hacemos pasa desapercibido.

    Un abrazo 🙂

    • Hola Malen!
      Gracias a ti por compartir tu reflexión con nosotros. Sin duda coincidimos contigo y con el amigo Galeano, pueden ser tremendas las consecuencias de un pequeño gesto en esta cadena de relaciones.
      Gracias por compartirnos tu sentir.

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