EL SILENCIO

«En este mundo de plástico y de ruido quiero ser de barro y de silencio» Eduardo Galeano

¿Cómo me comunico con los demás? ¿Cómo vivo el silencio?

El Maestro Zen Rafael Redondo explica que acceder a la totalidad supone aproximarse al límite de la visión ordinaria, saber estar solo, para traspasar la ceguera rutinaria. Aventurarse a vivir desprovisto de blindajes, callarse sin dejarse acallar.

Existen numerosos estudios que demuestran que del silencio se obtienen beneficios tanto mentales como emocionales, pero no somos capaces de estar sin ruido, aun sabiendo que, como canta Ismael Serrano, se oiría la lluvia caer y quizá también podríamos hablar.

Podríamos en este sentido centrarnos más en nosotros mismos, valorar la vida en sus más pequeños detalles, emprender un viaje hacia el autoconocimiento… todo esto es muy difícil de conseguir sin silencio, sin quietud. Decía Pascal de manera provocativa que gran parte de la infelicidad del ser humano deriva de una misma fuente, no ser capaz de estar sentado, tranquilamente, a solas consigo mismo.

Además, el silencio nos explica Rafa Redondo es la palabra primigenia, de la que brotan las palabras, donde no hay conflicto, donde se puede expresar de manera unánime un pensamiento común. A esto añade la Maestra Zen Berta Meneses que es la puerta hacia un lugar interior que nos conecta con nuestra sabiduría y con nuestra plenitud.

Por tanto el silencio no es solo la ausencia de palabras, ya vemos que da para mucho más que eso. Si te apetece, acompáñanos a las recomendaciones de esta semana:

 

Canción: Jorge Drexler, Silencio

Hoy hemos venido a reflexionar sobre el silencio.

Su antónimo es el ruido. En ocasiones el antónimo de una palabra nos ayuda a comprenderla mejor.

¿Y cuál es el mayor ruido que existe hoy en día?

El entretenimiento.

¿Que connotación tiene esta palabra?

¿Es positiva? ¿es negativa?

Entrenimiento, es una palabra que tienen dos sujetos: uno es el que entretiene y otro es el entretenido.

Vivimos en el mundo del espectáculo, tenemos múltiples impactos a lo largo del día que quieren captar nuestra atención, que quieren entretenernos.

El marketing lo conquistó todo, todo el mundo quiere nuestro tiempo, hacen lo imposible por llegar a conquistarlo.

Vamos a ver que definiciones de “entretenimiento” nos da la rae:

“Mantenimiento o conservación de alguien o algo”

“Hacer pasar el tiempo de una manera agradable”

“Hacer perder el tiempo de una persona ocupando su atención, impidiendo la realización o continuación de una acción”

Y en cuanto a “entretener” la rae la relaciona con las siguientes palabras:

Distraer, divertir, agradar, amenizar, agradar, aliviar, retardarse, demorar.

Diferentes interpretaciones podemos hacer de ellas.

¿Tan poco valoramos la vida que solo buscamos entretenernos?

¿Solo queremos que pase de la forma más agradable posible y ya está?

¿Solo queremos distraernos, divertirnos, que nos agraden, que nos amenicen, aliviarnos, retardarnos y demorarnos?

A fin de cuentas la pregunta importante es:

¿Queremos ser actores o espectadores?

Para ser actores necesitamos silencio, que no nos entretengan, que no nos retrasen.

Te proponemos que de vez en cuando huyas del entretenimiento del espectador.

En este mundo de transistores, la mejor sintonía es la del programa del alma. Reproduce a diario todo lo que nos gustaría tener a nuestro lado a todos los niveles.

Nosotros queremos entretenernos sí, pero de silencio.

En medio de todo este bullicio, a Jorge Drexler no se le ocurre nada más valioso que darte, nada más elegante, que un instante… de silencio.

Disfruta de la canción.

Artículo: Joseba Elola, Silencio, por favor.

Narración repleta de citas, libros y experiencias relacionadas con el silencio.

Comienza hablándonos de la experiencia de Erling Kaggae, el escritor y explorador noruego que decidió viajar a la Antártida para vivir 50 días aislado y en silencio. Se ofrece una visión antagónica de la sociedad actual, llena de ruido, de teléfonos móviles, de pantallas y de estímulos de todo tipo.

Para leer con calma, en silencio.

Pulsa aquí o en la imagen para verlo

pablo de ors

Libro: Ildefonso Falcones, La catedral del mar.

Narra la vida de la Barcelona del siglo XIV, la historia tiene como nexo de unión la construcción de la iglesia de Santa María del mar. El protagonista es un «bataixo», que eran los que que se encargaban de transportar las piedras desde la playa a la catedral.

La ostentosa catedral de Barcelona estaba asociada a la monarquía, nobleza y alto clero, mientras que Santa Maria del Mar, construida con el sudor de los pescadores, representaba la humildad y la fe.

Esta conmovedora historia de una lucha social fue la que inspiró la novela.

Película: Kim Ki-duk, Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera.

Pelicula coreana que nos conduce por las estaciones del año, como si estas fueran las estaciones que la persona recorre a lo largo de su vida.

Desde la relación de un maestro y su discípulo, dentro de un marco de meditación, silencio, quietud y aprendizaje, se nos muestra como el monje va orientando a su aprendiz por el gran ciclo de la vida. Cada estación refleja una etapa de la vida desde el nacimiento, pasando por la juventud, la madurez y terminando en la edad adulta, para volver a comenzar…

Bella película, de abundante silencio y de bonito mensaje.

Vídeo: Pablo D´ors: La aventura del silencio interior

Pablo D´ors es un meditador y contemplativo autodidacta. Escritor del gran libro, biografía del silencio.

Nos habla de meditación para vivir de otra manera, para agrietar nuestra personalidad y ver nacer otra nueva. En su charla nos dice cosas como que con las palabras podemos cambiar el mundo, pero el silencio, nos cambia a nosotros mismos.

¡Tú turno!

¿Conocías alguna de estas recomendaciones? ¿Qué te pareció? ¿Conoces contenido que pueda invitarnos a reflexionar sobre el silencio?

¡Cuéntanoslo en los comentarios!

 

4 comentarios en “EL SILENCIO”

  1. Hola a todos.Hace cuatro años fallecio mi madre y yo hice un poema al que titule SILENCIO

    No llueven flores en la noche oscura
    no está la luz para iluminar las angustias
    la vida se va
    el tiempo se lleva el cuerpo
    nos deja el amor
    la caricia
    la mirada complice
    la mano que agarra
    el cuidado de madre
    que lluevan flores
    silencio

    Muchas veces en la vida el ruido de hablar quiere tapar lo que no sabemos o lo que no sentimos…y el silencio nos conecta con aquello que necesitamos.Gracias por ser como sois procrastinos.

    Responder
    • Buenas de nuevo compañero de batallas,
      Muy bello poema sobre las emociones ante la perdida, sobre el silencio que brota tras ella y sobre todo y más importante sobre el vinculo y la belleza que se genera en la vida. Necesitamos darnos cuenta de esto que transmites, necesitamos quietud para valorar la caricia, la mirada complice, la mano que agarra… necesitamos volvernos más sensibles. Necesitamos el silencio!
      ¡Que así sea! Un abrazo.

      Responder
  2. Comparto un articulo de Jose Carlos Bermejo.

    *ESCUCHAR EL SILENCIO*
    «Nos enseñan a contar mitocondrias hasta con los dedos de los pies, pero no nos enseñan a escuchar”. Estaba escrito a la puerta del salón de actos de la Facultad de medicina de la que la Asociación de Alumnos me había invitado a dar una conferencia sobre la escucha. Y sospecho… que tenía razón.

    Escuchar es un arte. Lo es cuando el mensaje nos viene cifrado a través de las palabras, con diferente tono y acompañado con gestos. Pero es más difícil todavía escuchar el silencio. Y, sin embargo, en ocasiones, el mensaje más importante es vehiculado a través del elocuente silencio.

    Escuchar lo que no se oye
    A veces, en las personas a las que intentamos ayudar, significa: “estoy preocupado”; otras: “tengo miedo”; quizás también: “no me atrevo a contar lo que siento” y mil mensajes más pueden estar ocultos en el silencio. ¡Qué expresiva la frase que Tolstoi pone en boca de Iván Illich en el lecho de muerte: “Mi silencio les estorba. Yo era como botella al revés, cuya agua no puede salir porque la botella está demasiado llena”.

    Solo es capaz de escuchar el silencio quien maneja sus propios sentimientos, sobre todo la impotencia experimentada al captar la densidad comunicativa del silencio en medio del sufrimiento. Porque, probablemente también sea cierto en la estación de la enfermedad y del dolor que “los ríos más profundos son siempre los más silenciosos”, como decía Curcio.

    A escuchar el silencio se puede aprender, como a escuchar la palabra.

    Un discípulo, antes de ser reconocido como tal por su maestro, fue enviado a la montaña para aprender a escuchar la naturaleza.

    Al cabo de un tiempo, volvió para dar cuenta al maestro de lo que había percibido.

    – «He oído el piar de los pájaros, el aullido del perro, el ruido del trueno…

    – «No -le dijo el maestro-, vuelve otra vez a la montaña. Aún no estás preparado.

    Por segunda vez dio cuenta al maestro de lo que había percibido.

    – «Maestro, he oído el ruido de las hojas al ser mecidas por el viento, el cantar del agua en el río, el lamento de una cría sola en el nido».

    – «No -le dijo de nuevo el maestro-. Aún no. Vuelve de nuevo a la naturaleza y escúchala».

    Por fin, un día…

    – «Maestro, he oído el bullir de la vida que irradiaba del sol, el quejido de las hojas al ser holladas, el latido de la savia que ascendía en el tallo, el temblor de los pétalos al abrirse acariciados por la luz».

    – «Ahora sí. Ven, porque has escuchado lo que no se oye».

    Efectivamente, el silencio, a veces, es el ruido más fuerte que podemos escuchar, pudiendo incluso aturdirnos con su intensidad, con el impacto emocional que es capaz de producir en nosotros si le prestamos verdadera atención.

    Responder con el silencio
    Pero si escuchar el silencio es un arte que requiere desarrollar una actitud contemplativa, manejar el silencio es más difícil aún que manejar la palabra. Por eso, un proverbio hindú dice: “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. Y aquella sentencia: “Cuando basta una palabra, evitemos el discurso; cuando basta un gesto, evitemos las palabras; cuando basta una mirada, evitemos el gesto y cuando basta un silencio, evitemos incluso la mirada”.

    Y es que, hacer un buen uso del silencio es una condición que sólo saben administrar y aplicar los sabios. Con razón se dice que después de la palabra no existe nada más poderoso, y que si con la palabra demostramos nuestra supremacía por encima de los animales, con el silencio podemos demostrarnos a nosotros mismos que somos mejores.

    Efectivamente, el silencio puede querer decir: “estoy contigo”, “me hago cargo”, “no sé qué decirte, pero cuenta conmigo”. No digamos si el silencio va acompañado de una mirada cómplice o cariñosa, o compasiva; o si va acompañado de un gesto amable, de un abrazo sincero. Entonces, su poder se multiplica exponencialmente. Se convierte en palabra penetrante con poder de confortar y aliviar a quien se encuentra en medio del sufrimiento.

    A responder con el silencio se puede también aprender. Seguramente la clave fundamental es el autocontrol emocional, la disciplina de los impulsos, la paz con la propia impotencia, la relativización del propio criterio, la empatía con el mundo interior ajeno.

    Hay un tiempo para todo. También para callar. Así lo dejaba claro Calderón, en La vida es sueño: “Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla”. Y no es simplemente quien calla, sino quien mejor calla, porque es claro que no siempre el silencio es la adecuada respuesta.

    El silencio inoportuno
    Si el silencio es elocuente, también puede ser escondrijo de la palabra debida. Puede ser el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo. La falta de denuncia, de crítica oportuna, la ausencia de información, la conspiración de silencio, la callada por respuesta… son situaciones en las que no somos dueños de la comunicación y en las que el silencio es una falta a un deber.

    No hay peor desprecio que no hacer aprecio, dice la sabiduría popular. Y así ocurre algunas veces con el silencio: que son falta de aprecio. Nietzsche lo decía así: “La manera más desagradable de replicar en una polémica es la de enojarse o la de callar, pues el agresor interpreta ordinariamente el silencio como un desprecio”. Sí, con él podemos huir de la conversación comprometida y escondernos tras la cómoda callada que ni arriesga, ni confronta, ni se mete donde puede incomodar pero, en ocasiones, ser necesario.

    Y Santa Catalina de Siena protestaba contra esta actitud diciendo: “¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!” Así están también algunas relaciones por falta de la oportuna palabra, de la solicitada palabra o del regalo –aunque incómodo, a veces- de la palabra.

    En las relaciones de ayuda, contacto, mirada, palabra, silencio, son elementos de una sinfonía que puede tocar la melodía del ayudado o desafinar y convertirse en platillos que aturden.

    Paradoja, contradicciones; temor o seguridad; refugio cálido e inexpugnable; amenaza o miedo… Cuán económico y normal es a veces, pero qué refinado y costoso puede llegar a ser… Cuánta paz puede procurar, pero qué afilado cuchillo es capaz de ser… En todo caso, seguro que es cierto que si la palabra es plata, el silencio es oro.

    Responder

Deja un comentario