EL PROCESO

Que difícil es no dejarse llevar por las primeras impresiones, o no tener a las mismas como el eje de nuestras miradas. Queremos que todo suceda rápido, vemos lo aparente, nos cuesta la espera, no estamos abonados al movimiento “slow” ni siquiera como moda.

Sembrar es un proceso además de costoso, muchas veces poco gratificante, ya que nos exige una espera, nos obliga a esforzarnos a corto plazo, para encontrar la gratificación tras un periodo determinado de tiempo. Y no solo eso, sino que debemos estar pendientes de cuidarlo para que no se estropee.

Un profesor que dedica mucho tiempo a sus alumnos, los conoce, los comprende, observa sus capacidades y trata de educarlos, probablemente no vea resultados a corto plazo, ya que este tipo de transformaciones no se ven de la noche a la mañana.

El siglo XXI y el recién llegado año 2019, nos ubican en un determinado contorno o contexto social. Somos seres contextuales, no podemos ser sin los demás, nuestro entorno nos condiciona y nos inocula una serie de patrones o formas de funcionar.

La visión que tenemos hoy en día hacia cualquier acontecimiento, muy vinculada a la actual coyuntura, está relacionada probablemente con la obtención de beneficios o resultados en un determinado espacio de tiempo, a poder ser corto. Esto se debe a que necesitamos demostrar o necesitamos rendir cuentas con prontitud, vivimos en la era del cuanto antes…

Esto genera en nuestras organizaciones o en nuestras relaciones una especie de mirada distorsionada. Queremos recoger habiendo sembrado más bien poco, sin comprender que el árbol para ser árbol, primero debió de ser semilla y que todo proceso requiere de un determinado tiempo.

Debemos por tanto pararnos a pensar y comprender donde tenemos nuestra mirada y que es lo que la condiciona. Nuestro foco, condiciona todo aquello que miramos, todo hecho será interpretado a nuestro modo y manera, en función de cual sea nuestro modelo de realidad.

El proceso y la cristalización del mismo, ya sea en un contexto educativo, empresarial, personal… en definitiva de búsqueda de mejora, necesita entre otras cosas, de tiempo. Hablamos de una mejora duradera y sostenida, no nos estamos refiriendo a algo circunstancial o efímero, sino que genere poso, que transforme de manera profunda.

Para ilustrar toda esta reflexión queremos compartir un cuento relacionado con el bambú japonés, que nos relata lo siguiente:

Hace mucho tiempo, dos agricultores iban caminando por un mercado cuando se pararon ante el puesto de un vendedor de semillas, sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto.

  • “Mercader, ¿qué semillas son estas?”, le preguntó uno de ellos.
  • “Son semillas de bambú. Vienen de Oriente y son unas semillas muy especiales”.
  • “¿Y por qué habrían sido de ser tan especiales?”, le espetó uno de los agricultores al mercader.
  • “Si os las lleváis y las plantáis, sabréis por qué. Sólo necesitan agua y abono”.

Así, los agricultores, movidos por la curiosidad, compraron varias semillas de esa extraña planta llamada bambú.

Tras la vuelta a sus tierras, los agricultores plantaron esas semillas y empezaron a regarlas y a abonarlas, tal y como les había dicho el mercader.

Pasado un tiempo, las plantas no germinaban mientras que el resto de los cultivos seguían creciendo y dando frutos.

Uno de los agricultores le dijo al otro: “Aquél viejo mercader nos engañó con las semillas. De estas semillas jamás saldrá nada”. Y decidió dejar de regar y abonarlas.

El otro decidió seguir cultivando las semillas con lo que no pasaba un día sin regarlas ni abonarlas cuando era necesario.

Seguía pasando el tiempo y las semillas no germinaban. Hasta que un buen día, cuando el agricultor estaba a punto de dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse con que el bambú había crecido. Y no sólo eso, sino que las plantas alcanzaron una altura de 30 metros en tan solo 6 semanas.

¿Como era posible que el bambú hubiese tardado 7 años en germinar y en sólo seis semanas hubiese alcanzado tal tamaño?

Muy sencillo: durante esos 7 años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistemas de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después la planta.

4 comentarios en “EL PROCESO”

  1. Como en los demás posteos, excelentes reflexiones y material. No queda mucho por agregar, sólo que colaboran realmente para el crecimiento y autoconocimiento al estar expresadas de manera contundente y clara.
    Muchas gracias!

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