EL FUTURO

Reflexionábamos en el post anterior sobre el fin del mundo, sobre cómo mi compromiso debe trascender a la preocupación por el fin de mes, sabiendo que no es tarea sencilla.

El futuro se construye en el presente y el presente requiere de compromiso para construir un futuro en armonía.

Hay multitud de variables a la hora de edificar un futuro deseable, podríamos intervenir sobre la economía, el sistema político, los medios de comunicación, pero nos centraremos en la infancia.

El origen etimológico del termino infancia, quiere decir sin voz, o privado de la palabra. 

La palabra no es la cosa, decía Krishnamurti, pero el origen del significado de las mismas, probablemente condicione nuestra mirada hacia ellas.

La infancia ha pasado mucho tiempo sin voz, lo que nos lleva a concluir que no hemos sido capaces de edificar sujetos del todo completos.

El futuro, y sobre todo a largo plazo, depende en gran medida de esta infancia que ha estado mucho tiempo sin voz.

Decimos que son el futuro, pero el papel lo soporta todo, es difícil pasar de la teoría a la practica.

Si el futuro depende del presente, debemos cambiar por tanto las gafas con las que miramos la educación.

Sí queremos desarrollar personas, debemos dejar de lado lo que Freire denominaba la educación bancaria, depositar en el alumnado los contenidos como si de un banco y el dinero se tratara.

Requiere muchas veces pasar de la practica a la teoría, de la observación al papel. Qué necesita el niño y de que manera voy a unir lo que necesita con lo que queremos que integre como sociedad, o contexto educativo.

Para eso debemos cambiar de lugar, debemos ser capaces de ceder poder como agentes educativos, de escuchar, de mirar, de saber que el educando tiene unas necesidades y que no hay nada más injusto que tratar a los que son distintos de la misma forma.

Pero no solo esto, y aquí está el quid de la cuestión. Nos recuerda el filosofo y pedagogo Jose Antonio Marina, que el 30% de los aprendizajes de una persona son adquiridos en la escuela.

El 70% restante entonces, ¿De que o de quienes dependen? ¿Somos conscientes de la magnitud de aprendizajes que caben en ese espacio?

Hay una frase africana que ilustra bien estas reflexiones, que dice así: para educar a un niño hace falta una tribu, y tiene gran parte de verdad.

La pedagoga Nélida Zaitegui matiza la frase y nos afirma que más que una tribu, para educar a un niño hace falta una buena tribu.

Ante casos de violaciones, bullying, accidentes de trafico, aumento del consumo de drogas y malas practicas en los jóvenes, siempre ponemos el foco en la escuela, en la educación de los colegios, sin darnos cuenta de que la responsabilidad es de todos, es compartida.

Construir comunidades educativas es obligación de todos y todas, no solo educa el profesor, educamos en cualquier situación, como padres, amigos, primos, tíos o personas desconocidas.

Toda conversación si es verdadera y contiene ingredientes de escucha, reflexión y reposado dialogo, será nutritiva y contribuirá a generar nuevas realidades.

Si establecemos relaciones educativas, debemos ser conscientes de que cada palabra cuenta, cada gesto, cada enfoque ante una pregunta y cada silencio que nos permitimos.

Los colegios y los profesores tienen influencia, pero no podemos y no debemos delegar. El compromiso en esto es primordial, el fin del mundo puede estar cada vez más cerca. Este puede ser un buen lugar para contribuir a que las cosas cambien.

Ya decía Galeano que gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo.

Por tanto, ¿nos conviene repensar el paradigma educativo? ¿Somos capaces de pasar de la protesta hacia el sistema educativo, a convertirnos en agentes educativos? ¿Qué puede suponer este cambio?

Acompañamos esta reflexión con un video de la mencionada pedagoga Nélida Zaitegui, que nos da 6 claves para aprender a convivir y por tanto, nos puede guiar en nuestra reflexión como agentes educativos.

2 comentarios en “EL FUTURO”

Deja un comentario